Esta vez el rector, Jairo Torres Oviedo, es el emisario de su propia noticia, una noticia que devela al ser humano, hijo, esposo, padre, al entonces muchacho valiente ante las adversidades, de metas bien definidas, que lo llevaron a convertirse en un profesor de sueños y realidades.

Invitado al programa Conéctate con la U, de la Unidad de Comunicaciones y Relaciones Públicas, el rector accedió a contar lo que había compartido sólo entre círculos cerrados de amigos, anécdotas y confidencias que resumen una historia de vida entre sacrificios y fortalezas.

“Nunca me avergüenzo de mi origen, porque es un testimonio de lo que la educación significa”, expresó el rector al recordar aquel pasado de adolescente madrugador para vender leche, hijo de una ama de casa y de un digno albañil que consiguió una vivienda para su familia en el extremo sur de Montería, cuando el desarrollo de la ciudad no aparecía por ningunas partes.

Hoy, con un sinnúmero de pergaminos, graduado de doctor, magíster, dos especializaciones, dos pregrados (abogado y licenciado en Ciencias Sociales), sugiere que el peor enemigo está en cada quien: los temores y los miedos.

“Encontré que el estudio era mi vocación y la única forma de superar la pobreza, ese ha sido el mejor referente de inspiración en mi vida”, narró desde la plataforma virtual, quien además es el presidente del Sistema Universitario Estatal, SUE Colombia, y SUE Caribe, miembro del consejo directivo de la Asociación Colombiana de Universidades, Ascun.

Jairo Torres es profesor por naturaleza, porque enseña en el aula y también en las conversaciones de pasillos, donde cada opinión o concepto suyo, está sustentado en teorías acordes al escenario de análisis.

Desde que ingresó al primer semestre de su licenciatura en Ciencias Sociales, en Unicórdoba, cuando tenía 16 años, soñó con ser rector de la misma, tanto que lo plasmó por escrito en una clase de Proyecto y Universidad, lo que actualmente es Universidad y Contexto y que él mismo lidera con el apoyo de la facultad de Educación y Ciencias Humanas.

Han pasado 25 años y todo este tiempo Torres ha reconocido que fue parido por esta institución que ha sido su proyecto de vida, espacio académico y físico que transformó su existencia y es el mensaje que envía a los cerca de 17 mil estudiantes de la alma mater, cuyo 99 % pertenecen a los estratos uno y dos.

“Aquí en la Universidad me convertí en un sujeto de transformación, por eso me identifico con cada uno de esos muchachos a quienes, cuando camino nuestras instalaciones, observo en las condiciones que tuve cuando fui estudiante, me reflejo en ellos, los hijos del albañil, como lo era mi padre, por eso hay que valorar esta institución como el espacio de formación humana, académica y científica, la adversidad no puede ser superior a nosotros”, enfatizó en medio de sorpresivos mensajes de reconocimiento a través de los medios interactivos donde se le interrogaba sobre sus otras facetas.

En su narración expresa que no ha hecho nada distinto a educarse y eso le ha permitido mirar la vida de otra manera. Considera a la Universidad de Córdoba como el proyecto de vida propio que trasciende a lo colectivo y a lo social.

El diploma de licenciado en Ciencias Sociales es su mayor orgullo, por encima de muchos otros logros y títulos que sustentan su cualificación, simplemente porque fue el resultado de cinco años de entrega, padecimientos, sacrificios contra la adversidad y una cantidad de sentimientos encontrados que lo fortalecieron como ser humano. Uno de sus amigos más cercanos reconoce en él la humildad como su mejor pergamino.

“La pobreza no es un lastre, es una condición que, sino la superamos mentalmente y a través dela educación, nos termina absorbiendo”, fue otro de los mensajes emotivos de los muchos expresados por el rector que no cree en el destino y que más bien piensa que cada quien se forja su futuro, de acuerdo con sus propios actos.

Su formación filosófica le ha permitido ser un pensador innato, líder por naturaleza, se autodefine un humano imperfecto como todos, que reconoce errores, limitaciones y fallas.

“Todos los días trato de hacer lo mejor en todos mis entornos, esa es una conducta, una forma de vida para conseguir una lógica consciente, este liderazgo no es aislado, porque me rodea un equipo diverso y plural con el que coincido alrededor de un proyecto común”, sostiene en casi dos horas de una conversación que estuvo más centrada en el profesor como persona y no en el doctor como rector.

Es modesto al revelar que uno de sus mayores orgullos es haber recuperado la confianza y la credibilidad de la sociedad en la Universidad de Córdoba, como bien intangible, que no se puede tocar pero que se siente y que él destaca como el deber ser de una institución de ciencia, saber y conocimiento.

Esa imagen ha estado respaldada por las mediciones de responsabilidad fiscal y manejo contractual pulcro, por parte de los organismos estatales que han realizado esa tarea en Unicórdoba.

“Es el resultado de una estrategia organizativa de una institución pública, esto nos compromete mucho más, porque no es difícil sostenerse en estos niveles de excelencia”, expone el rector que ha considerado la magia transformadora que tiene la Universidad de Córdoba y en términos generales la educación como el camino de ascenso de los pobres, tal como lo hizo el hijo del albañil.

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