Montería, 24 de marzo de 2026. La Universidad de Córdoba, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Fondo para la Vida y la Biodiversidad oficializaron un convenio orientado a fortalecer la gobernanza ambiental participativa y las capacidades locales, con el propósito de avanzar en la gestión integral del recurso hídrico y la resiliencia climática en la ecorregión de La Mojana.
El encuentro se realizó en el Auditorio Cultural de Unicórdoba y reunió a autoridades nacionales, líderes comunitarios, investigadores y organizaciones sociales, en un espacio que dejó claro el propósito central de llevar el conocimiento al territorio y ponerlo al servicio de las comunidades.
Desde la apertura, el docente y director del proyecto, Robert Paternina Uribe, destacó el papel de la Universidad como articuladora de este proceso. “La universidad va a ser la sombrilla que va a cubrir a todas estas entidades e instituciones que están trabajando en la región”, señaló, al tiempo que destacó la importancia de cerrar brechas históricas en el conocimiento y la intervención del territorio.
El convenio tiene como eje central aunar esfuerzos técnicos y administrativos para fortalecer la gobernanza ambiental y la gestión integral del recurso hídrico en La Mojana. Esto se traduce en acciones concretas como formación a comunidades, certificación de saberes locales, monitoreo del agua y estrategias de participación para la toma de decisiones.
Uno de los puntos clave del proyecto será la formación de al menos 150 personas en temas relacionados con gestión del recurso hídrico, restauración de ecosistemas y adaptación al cambio climático, así como su certificación en competencias laborales. A esto se suma el impulso a procesos de monitoreo comunitario del agua y el fortalecimiento de organizaciones locales.
El director del Fondo para la Vida y la Biodiversidad, Rigoberto Niño Corredor, fue enfático en que el centro de esta apuesta son las comunidades. “El principal aliado son las comunidades. Son ellas las que permiten la transformación de los territorios”, afirmó. Además, destacó que este programa impactará en territorios de Córdoba, Sucre, Bolívar y Antioquia.
El funcionario también resaltó el valor del encuentro entre academia, Estado y comunidad. “Aquí se patenta esa unidad necesaria para lograr desarrollo. No existe desarrollo sin ciencia y tecnología, y ese conocimiento lo aportan las universidades”.
En esa misma línea, el profesor unicordobés, Mauricio Roso Pinto, insistió en que el proceso no será un ejercicio unilateral, sino un diálogo permanente con las comunidades. “Queremos trasladar la universidad al territorio, construir conjuntamente y complementar el conocimiento técnico con los saberes locales”, explicó.
Por su parte, el rector de la Universidad de Córdoba, Jairo Miguel Torres Oviedo, reiteró la importancia del papel de la ciencia frente a la crisis ambiental. Recordó que los fenómenos recientes en La Mojana evidencian un descontrol climático que supera las capacidades tradicionales de adaptación.
“La voz de la ciencia no puede seguir siendo ignorada. Aquí hemos construido conocimiento durante décadas y tenemos la responsabilidad de ponerlo al servicio de la gente”, afirmó.
El rector también destacó la trayectoria de la institución en el estudio de la región y su presencia científica en 17 departamentos del país, lo que, según indicó, respalda su liderazgo en este tipo de procesos.
Este convenio, que tendrá una ejecución inicial de 12 meses, busca intervenir el territorio para generar capacidades locales sostenibles en el tiempo; así mismo, fortalecer la organización comunitaria y promover decisiones informadas sobre el uso del agua.
Durante la jornada, los líderes y representantes de las comunidades también tuvieron la palabra. En un espacio de diálogo abierto, conocieron en detalle el alcance del convenio, sus líneas de acción y las oportunidades de participación directa. Allí expusieron sus experiencias, necesidades y expectativas frente a la gestión del agua en sus territorios, aportando insumos clave para la construcción del plan de trabajo. Este intercambio permitió fortalecer la confianza entre las partes y dejó claro que el proceso se construirá desde el territorio, con las comunidades como protagonistas.