*En el río Cauca de cada 100 huevos de pescado, 70 no se reproducen, una de las causas que ha conducido a la reducción del recurso íctico.

En general la actividad pesquera en Colombia ha disminuido dramáticamente, entre un 30 y 40 % por razones como alteraciones del hábitat, desecación de las ciénagas, la actividad minera, y la construcción de grandes obras, y tanto ha sido el impacto, que el pescador ya no vive de su actividad porque los ríos no ofrecen la seguridad alimentaria como ocurrió en otras décadas.
El diagnóstico lo entregó el director del Centro de Investigaciones Piscícolas, Cinpic, de la Unicórdoba, Víctor Atencio García, durante el espacio Conéctate con la U, de la Unidad de Comunicaciones y Relaciones Públicas, en el contexto de cómo avanza el convenio para la recuperación y conservación de ecosistemas acuáticos en esa zona de influencia de Hidroituango, luego del impacto ambiental ocurrido en 2018.
“En general la actividad pesquera en todos los ríos de Colombia ha disminuido dramáticamente…hemos observado que dese hace unos 30 años no hay abundancia de peces y cada vez el pescador vive menos de su actividad”, explicó el científico de Unicórdoba.
Entre los fenómenos comprobados por esta academia y que se sustentan en literatura científica está que, en el río Cauca de cada 100 huevos de pescado, 70 no se reproducen, una de las causas que ha conducido a la reducción del recurso íctico en esa zona y en otras del país. Los factores son materia de investigación por parte de once instituciones nacionales, entre las que se encuentra la Universidad de Córdoba.
El investigador científico, magíster en Acuicultura e ingeniero pesquero, reveló que esa mortalidad en el río Sinú no supera el 30 %. Sin embargo, las mismas causas del deterioro ambiental y otros fenómenos ya citados, han vuelto vulnerable al bocachico, la especie emblemática de esta región del Sinú, pese a que se han desarrollado tecnologías de reproducción.
“La solución es integral a un problema que demanda la intervención de las corporaciones autónomas, las comunidades, los organismos estatales que regulan la actividad de la pesca, las empresas hidroeléctricas, las empresas mineras, los pescadores y por supuesto la academia. Nosotros siempre seremos un punto de apoyo para intentar mitigar, compensar o resolver esos problemas, para por lo menos saber qué está pasando”, sostuvo Atencio García.
Adiconalmente – sostuvo Atencio – las aproximadamente 80 especies de mayor valor pesquero, son objeto de la presión permanente que existe por su captura, como recurso alimenticio y económico en las comunidades.
“La gente sale a pescar más bagre que otro tipo de especies, por ejemplo. Entonces, esas especies de alto valor comercial son las que migran”, explicó el director del Cinpic de Unicórdoba.